Como os decía, llegamos a Pau y nos dirigimos directamente al Hôtel Montilleul con aparcamiento propio. Tomamos posesión de la habitación y nos fuimos a recorrer la ciudad, que es muy tranquila, viendo el bulevar de los Pirineos, el castillo de Enrique IV, la iglesia de San Martín (donde había un concierto de órgano por un joven organista con piezas de Bach) y todas las calles del centro repletas de restaurantes y gente de la zona.
Nos retiramos pronto y al día siguiente emprendimos camino hacia Lourdes donde llegamos temprano. Nos sentamos en una terraza a desayunar y fuimos a visitar el santuario de la Virgen de Lourdes que es impresionante, así como la cantidad de gentes de todo tipo, clase, condición y nacionalidad.
A pesar de la inundación que han tenido este año, no apreciamos signo alguno así que se han dado prisa en reparar los daños. Allí visitamos la Gruta donde se cree que se apareció la Virgen a la pastorcilla Bernadette Soubirous, bebimos agua de la fuente y vimos la casa donde vivió Bernadette. Dimos un pequeño recorrido por el pueblo y ya tomamos rumbo de vuelta a España.
Pasamos por el pueblo de Artouste con un embalse impresionante y mediante un teleférico, se sube a una estación donde se coge un pequeño tren, que es el más alto de Europa, y te lleva a un lago impresionantemente bello.
Una vez pasado el Portalet nos paramos a ver las tiendas que hay allí (libres de impuestos, dicen) y a lo largo del recorrido era llamativa la cantidad de gente que había tomando el sol, comiendo y, en fin, disfrutando del espléndido día a la orilla del río.
La belleza culmina con los embalses de Lanuza y Búbal que beben de las fuentes del río Gállego.
A la hora de comer y haciendo patria, llegamos a Biescas donde comimos bien, rápido y bien preparado. Y después del café emprendimos camino de casa donde hacía tanto calor como el que habíamos pasado por ahí.