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Después de San Valero

Bueno, un año más hemos festejado el patrón de Zaragoza, como manda la tradición, comiendo el famoso roscón que este año ha sido casero, riquísimo por cierto, uno de ellos y otro de la pastelería con sorpresa que me ha tocado a mí, pero como ya estaba pagado, pues eso que me he ahorrado. También hemos comido un tiramisú casero que estaba de rechupete.

Este año el patrón no ha hecho gala a su fama de ventolero pues ha hecho un día muy agradable para ser invierno.

Hablando de Zaragoza, he recuperado un artículo de hace unos cuantos años en el que se habla de los números «cabalísticos» del Edificio Pignatelli que es la sede principal del Gobierno de Aragón y que fue rehabilitado para tal fin.

Este edificio fue la antigua Casa de Misericordia, construido a finales del s. XVIII para acoger a las personas que no tenían a donde ir o con quién vivir. Lo que llama la atención es la simetría, la repetición y austeridad que retrotrae a otras épocas. Parece que rigen algunas leyes ocultas en su arquitectura con la utilización de los números siete y tres. El siete figura en la composición de los patios laterales constituyendo siete vanos en los lados pequeños y veintiuno en los mayores lo que da lugar a patios rectangulares con arcos carpaneles (tipo de arco rebajado simétrico que se forma a partir de él) y tres cuadrados perfectos, lo que da una armonía al conjunto. También es llamativa la fecha de comienzo de las obras 1/1/1777, y con estas premisas, se intentó conjugar la rehabilitación con estas ideas arquitectónicas neoclásicas llegando hasta los grandes tornillos que decoran y sujetan la fachada que se fabricaron con siete radios y los percheros de la cafetería que van de siete en siete.

Otra característica del edificio es la austeridad en su decoración además del empleo de materiales nobles orgánicos (madera, lino, piedra, etc.) y que sólo se salva con los nuevos espacios interiores representados por la bóvedas, que fueron decoradas por artistas aragoneses contemporáneos, y los cuadros de las paredes.

A pesar de la aparente frialdad de la escasa decoración, gracias a la repetición armónica y a la simetría, desaparece la sensación de vacío y monotonía de las paredes lisas y monocromáticas.

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